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Malvinas, la guerra que no termina

A 15 años de las denuncias de crímenes de lesa humanidad contra el Ejército Argentino, el Estado Nacional sigue negando algo que, a esta altura, resulta tan vergonzoso como imposible.

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El-Argentino-Malvinas 19 de junio

El-Argentino-Manu Campi

Por Manu Campi | @manucampimaier

Las efemérides suponen aislar en el tiempo, y a modo de recordatorio, momentos significativos de la historia. Esta propuesta representa, en calidad de feriado, reconocer determinado momento merecedor de una escapada a Mar del Plata. Sin embargo y en líneas generales, estos espacios de aparente relevancia carecen –en la mayoría de los casos– de la más absoluta representatividad alejando así, la realidad de sus involucrados de la conciencia colectiva y popular.

La guerra de Malvinas no terminó el 14 de junio de 1982. La fecha remite, de manera aislada y sin espacio en el calendario, al último acto de cobardía de la dictadura cívico militar argentina solo para dar por cerrado otro nefasto capítulo nacional, pero no sin antes abrir otro. Con esto, las nuevas generaciones entienden a la maquinaria represora como un asunto saldado en donde el pueblo argentino ha conseguido ponerse de pie.

Plantear al 2 de abril como día patrio no hace otra cosa que homologar la gesta y, peor aún, a sus gestores. No es otra cosa que poner en el almanaque algo que está lejos de ser una discusión saldada; no es otra cosa que, con cuatro décadas de impunidad, sostengan la escapadita a la costa, comer en familia y que se escriban libros heroicos, de los mismos represores, torturadores y genocidas que siguen investigados en tribunales adeptos o faltos de voluntad política, dentro del complejo entramado judicial que defienden los intereses de unos a costa de invisibilizar los de otros.

Ernesto “Beto” Alonso es secretario del Centro Ex Combatientes Islas Malvinas –CECIM–, y de la Comisión Provincial por la Memoria –CPM–. Como soldado conscripto, estuvo en Malvinas, fue testigo de crímenes de lesa humanidad y es parte querellante de la Causa Malvinas. Su testimonio.

—¿Estuviste en las islas?

—Sí, yo llegué el 13 de abril y volví el 16 de junio, después de la rendición. Estaba haciendo el servicio militar obligatorio desde marzo de 1981, la colimba. Volví en el Camberra. Estuve en el regimiento 7 de La Plata como soldado conscripto. Soy clase 62.

—¿Entonces, cuándo te llamaron ya te tendrías que haber ido de baja?

—Ya habían incorporado la clase 63, ya me tendría que haber ido, pero estaba, seguía. Estaba la clase nueva haciendo instrucción en Ezeiza y yo estaba como soldado viejo y, como siempre decimos, en ningún momento pensamos que íbamos a una guerra, la hipótesis de eso no existía.

—¿No había guerra para ustedes?

—No, de ninguna manera, menos para una unidad militar que estaba en pleno corazón de La Plata en donde la hipótesis de conflicto estaba basada en lo que era la seguridad nacional en donde había fotocopias de, por ejemplo, un flaco cualquiera en las casetas de guardia y abajo decía ‘cuidado, el enemigo acecha’, es decir la guerra contra la subversión o un conflicto con Chile como mucho.

—¿Pensaban que esto se resolvía por la vía diplomática?

—Sí, el 2 de abril nos sorprende a todos. Estábamos haciendo instrucción y de repente yo estaba con un compañero que se llamaba Jorge Mártire, quien fue mi compañero de pozo en Malvinas y uno de los casos de suicidio posguerra que tuvimos acá en La Plata. Jorge estudiaba, era maestro mayor de obra y creo que había empezado arquitectura. Era clase 61. Nosotros hacíamos la instrucción a la clase nueva con dibujos que los milicos nos decían que empecemos a dibujar: era la bandera británica. De un momento a otro, el enemigo cambió. El 30 de marzo del ’82 nos acuartelan y nos dicen que posiblemente teníamos que salir a reprimir a la marcha de ‘paz pan y trabajo’. Esto te lo planteo porque ahí te marca…

—¿Los últimos coletazos de la dictadura?

—Claro, más la contradicción de esas fuerzas armadas concebidas bajo la doctrina de la seguridad nacional y no bajo la doctrina de defensa nacional. Con esos milicos fuimos a Malvinas, lamentablemente.

—¿Lamentablemente?

—Sí, tuvimos que vivir entre dos frentes. Un enemigo real –los británicos– que no había llegado, pero era el enemigo, y el propio enemigo que eran los milicos. Ya habíamos vivido toda la colimba en donde algunos la pasamos mejor y otros peor, pero sabíamos lo que eran ellos.

—¿Dentro del ejercito ya estaba sistematizado el castigo físico?

—Sí, claro. Todos lo veíamos. Más en una situación de máxima tensión como la de estar ante un conflicto armado.

—¿Hay ex combatientes que sostienen que el primer enemigo fueron las islas?

—Mirá para mí no. Yo fui testigo de hechos de torturas y también fuimos víctimas quienes no fuimos torturados. En forma directa o indirecta, te afecta. Era la imposición de la disciplina con esas prácticas de tortura. Esto se daba por hambre. Valía más la vida de una oveja que la vida de un soldado. Te ordenaban no tener hambre. Entre nosotros y la comida había ocho kilómetros hasta el depósito más cercano, podíamos ir caminando si queríamos a buscar comida. Si ibas te castigaban feo. Insisto, unas fuerzas armadas que no estaban preparadas para defender la soberanía. Y vivimos esa colimba en uno de los sistemas patriarcales, abusivos, de denigración a los pibes jóvenes. Las condiciones de todo punto de vista, militares, estratégicas y de los que nos tocó ahí fue un desastre. No nos cabe en la cabeza plantear la guerra de Malvinas en términos de gesta. Para nosotros no es una gesta, primero porque no estamos de acuerdo con los gestores, segundo que si hay algo que nos alejó de Malvinas fue la guerra. Antes del 2 de abril del 82 había vuelos desde argentina, había negociaciones –porque había negociaciones–, estaba YPF, Gas del Estado, los habitantes no estaban reconocidos ni siquiera como ciudadanos británicos, venían al continente a educarse, a visitar familiares, de vacaciones, etc. Es decir, había una comunicación. El conflicto les permitió a los británicos, finalmente después de la derrota militar, avanzar y multiplicar por 23 los territorios en las islas. También hay una cultura estratégica, quieren que nosotros sigamos haciendo el relato épico de la guerra. Vas a ver libros y libros escritos por capitanes, coroneles en donde te cuentan el detalle, cuando dispararon, el clima el viento y su velocidad. Ahora, vos les preguntas sobre las torturas y les agarra amnesia. Lo tienen negado, pero cuando los cita la justicia dicen “eso ya prescribió”. Hasta ahora nadie explicó por qué torturaron a soldados y no fueron hechos aislados.

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Solamente la tortura cometida por funcionarios del estado, el estado tiene la obligación y la responsabilidad de investigar y después le cabe la penalidad. Si son o no crímenes de lesa, es ya una discusión saldada. Son hechos de tortura cometidos por funcionarios del estado.

—¿Cuántos son los denunciantes?

—Hasta ahora hay 190 entre testigos y víctimas, con unos 130 militares denunciados a la fecha. En todas las unidades militares que estuvieron en Malvinas, hay hechos denunciados, en Ejército, Fuerza Aérea y Marina. Hicimos un mapa interactivo en la CPM, que es un mapa de las torturas que ubica geográficamente adonde sucedieron. Cerca de Puerto Argentino está el viejo aeropuerto y ahí la Fuerza Aérea enterraba soldados hasta el cogote por robarse un paquete de galletitas; pasando el estrecho de San Carlos, en la Gran Malvina, en Puerto Yapeyú, Puerto Mitre, etc., el regimiento 5 del ejército hacía lo mismo. En el regimiento de Seineldín se picaneaba con los teléfonos de campaña y en el 5 de Infantería de Marina también se picaneaba a soldados con esos teléfonos. Antes de cruzar a Malvinas se estaqueaban soldados en el Liceo Militar Roca. También durante la colimba que se estaqueaba, es una práctica que viene desde la conquista del desierto. Nosotros como jóvenes éramos un objetivo para los milicos de esa época. te investigaban, en la ciudad de La Plata muchos compañeros tenían prórroga universitaria y eran un poco más grandes y a ellos los investigaban y desparecían porque se los llevaban a otras unidades. En el regimiento donde nosotros estuvimos – está señalizado, lo hicimos este año, como centro clandestino por donde pasaron prisioneros–, hubo nacimientos clandestinos, mataron gente, etc.

—¿Estas investigaciones internas, a soldados y conscriptos, también sirvieron a la hora de hacer firmar sus silencios cuando volvieron al continente después del conflicto?

—Claro, o sea, ¿qué nos pasaba en esa época? Imaginate, era el 82. Regresamos, nos trajeron –en caso del Ejército– a Campo de Mayo, armaron los CARI (centro de atención y recuperación integral), en donde nos recibe lo peor del aparato represivo de la dictadura militar. No nos reciben las voluntarias por la patria, donde estaba Lita de Lázzari (risa socarrona), pero no importa, nos recibe lo peor del aparato represivo.

—¿Eran militares reubicados que estaban ahí para parar la bronca de la dictadura?

—Sí, estaban para tabicarnos, primero como una especie de feedlot, dándonos de comer las veces que queramos para recuperar peso.

—¿Gorditos para la prensa?

—Claro, veníamos con diez, quince, veinte quilos menos. Y ahí dos veces por día nos hacían pasar, porque era en la escuela General Lemo, en Campo de Mayo, donde personal de inteligencia nos empieza a bajar línea: “Ojo con lo que dicen, con lo que hablan”. Esta la famosa carta de recomendación. Y todo eso que nosotros fuimos relatando y construyendo, después nos encontramos con toda esa información en donde decíamos qué nos había pasado, porque empezamos a denunciar desde el primer día que volvimos.

—Cuando decís “empezamos”, hubo ex combatientes que tardaron veinte años en poder hablar.

—Está claro, pero otros con mucha valentía y ante la presencia de personal de inteligencia en las actas de recepción en ‘observaciones’ ya los compañeros denunciaron: “El cabo primero o fulano me pegó una patada en los testículos por tal o cual cosa. Fulano me hizo enterrar, yo no volvería más con estos militares” y cosas así, entendiendo que a nuestra generación nos pasó una topadora por la cabeza. Yo en el 76 estaba en segundo año, viví la dictadura, para hacer un cumpleaños en tu casa tenías que pedir permiso al cana que estaba a cinco cuadras de tu casa.

—¿Qué pasaba con estos primeros denunciantes?

—Cuando la dictadura militar empieza a analizar esta información y la cantidad de denuncias que había ahí arman el plan de inteligencia y contra inteligencia. Cómo cortar la guerra, qué hacer con los soldados y qué hacer con los familiares de los caídos, todo el paquete. Está todo documentado, planificaron en que programa de televisión, que tenían que contar, quienes tenían que ir a contar.

—¿Ahí es donde aparecen solo lo héroes?

—¡Es donde aparecen los héroes! Porque estaba planteado así, hay que contar los hechos heroicos ¿no? Y “ojo con lo que vas a decir” y “no se deje llevar” por las apreciaciones personales “de ustedes” y viva la patria. Cuando ven esa bola de denuncias, hay una orden del comandante en jefe del Ejército, Nicolaides, finales del 82, principios del 83, donde dice que había que parar el efecto bola de nieve y que esto no tenia que trascender a la opinión pública y que debía dirimirse a la instancia administrativa. Hubo casos en donde se aplicaron a algunos milicos 4 o 5 días de arresto por haberse ‘excedido’. Y si el caso ameritaba que pase a la justicia militar, derogada, tenía que ser autorizada por el propio comandante en jefe. Todo el manto de impunidad completo y la historia oficial. Detalles: antes de la rendición del 14 de junio sabes lo que se refuerza en Malvinas, el destacamento de inteligencia porque ya estaban viniendo al continente soldados heridos y los pibes empezaban a hablar, con la enfermera, el médico y los medios y aparecieron notas periodísticas donde daban cuenta de las torturas. Al otro día caía una comisión de milicos, daban vuelta la torta y los flacos salían contando otra historia.

—¿Bajo amenazas?

—Sí, claro. Reforzaron inteligencia. Ellos sabían que era cantado lo que iba a pasar.

—¿Cómo pensás que consiguieron callar tanto siendo la primera denuncia en el año 2006?

—En ese año denuncia Darío Gleriano, de Mar del Plata a Pedro Valentín Pierri que es quien encabeza el expediente o sea la carátula. La denuncia se la toma un abogado que trabajaba para la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires porque Darío sale con su testimonio en un programa de Graña, si no me equivoco. La Secretaría actúa de oficio y lo manda a Comodoro Py, tuvo ahí dando vueltas y por una cuestión de jurisdicción fue a Rio Grande –quien tiene en el caso de Malvinas, atiende las cuestiones de Tierra del Fuego–, y esa primera denuncia se incorpora a la causa 1777/07 Pedro Valentín Pierri.

Hay que entender que los primeros diez años tuvimos que trabajar mucho con cuestiones gremiales, falta de laburo, asistencia médica, salud mental, etc. Nadie se preguntó porque se suicidaron. Parte de ese aparato fue quitarles la palabra. Porque algunos nos pudimos organizar, tanto en La Plata o Buenos Aires y hablar y entender lo que nos había pasado. Eran reuniones interminables, pero en otros lugares aplicaban silencio y muchos compañeros no pudieron resolver el trauma y se callaron y se terminaron matando. Hay algunos que recién ahora denuncian. Silvio Roche un compañero de Córdoba estuvo en cana hasta el 87 por que lo tenían de punto en Malvinas, lo cagaron a trompadas, lo torturaron porque el flaco tenía hambre. Hay personalidades y personalidades, algunos aguantábamos sin morfar y otros no. Un día le dijeron andate a tu casa así nomás.

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—Algo que llama la atención, puntualmente en las vigilias de los dos de abril, primero el discurso militar y religioso. Pero hay veteranos que sostienen la teoría de que lo que faltaban eran balas y no alimento, justificando la prioridad balística por sobre la alimentaria. ¿Estas dimisiones internas fueron parte de la dilación en torno a las denuncias, en principio para ponerse de acuerdo?

—Esos relatos son el producto del adoctrinamiento y esos testimonios en la década del ochenta no existían. En el 82 planifican inteligencia, contra inteligencia y como contar la guerra. Eso sigue hasta el día de hoy con las actuales fuerzas armadas. Año ’88, un dato: nosotros publicamos el Informe Rattenbach –un informe político, estratégico y militar que analiza el conflicto de Malvinas, desclasificado en 2012 que nosotros teníamos de canuto desde antes–, era secreto militar y lo vendíamos como si fueran revistas pornográficas con la bolsita negra para que se dé el debate porque estábamos pidiendo que la democracia nos de pelota. Agusto Rattenbach era el general de mayor jerarquía que presidia esa comisión. A Galtieri le querían aplicar el código de justicia militar, la pena de muerte, de ahí para abajo hasta jefes de regimientos. El informe termina diciendo que fue una aventura militar en donde no estaban dadas las condiciones, que se equivocaron con el tiempo, es decir, todo el análisis político, estratégico y militar. Es interesante y basado en el código de justicia militar. Es un libro de y para los milicos que a nosotros nos servía para debatir que no había sido una gesta, que había sido una cagada. Cuando publicamos ese libro, inteligencia del ejército en democracia nos hace inteligencia “Carpeta CECIM”.

—¿Por qué pensás que direccionaste tu vida a esta lucha?

—Porque fue la creación de un espacio en donde nos vimos involucrados en un marco de solidaridad y volver a encontrarte con tus compañeros y qué pasaba y también porque logramos tener capacidad de trascender a ese lugar que nos habían dejado los milicos. Por ejemplo, en capital estaba la casa del veterano de guerra del Ejercito, que estaba Lita de Lázzari y un milico de Fuerza Aérea, un brigadier Celstri, y en marina Busser, había metegoles, flippers, y sin hablar de política. Como un pelotero para chicos. Vivimos en forma paralela lo que fue la dictadura y la recuperación de la democracia. En el caso de nosotros en La Plata, enseguida nos involucramos a las juventudes políticas, pero con la identidad de excombatiente. Había compañeros que por ahí tenían militancia universitaria en tal o cual agrupación. Fue totalmente distinto el movimiento de los ex soldados conscriptos al principio de la democracia, estábamos muy, pero muy politizados. Tenemos documentos que escribimos en 1985 denunciando la base militar que se estaba construyendo en Malvinas o planteando la guerra en un contexto geo estratégico mundial que se daba en ese momento. Éramos jóvenes y empezamos a mirar otras cosas: qué nos había pasado, tuvimos que enfrentarnos ideológicamente al imperialismo como un verdadero enemigo y entender el contexto latinoamericano. Empezamos a ser solidarios con los países y movimientos que empezaban a pelear contra el imperialismo, había muchos países con dictaduras. Es decir, teníamos otra cabeza, totalmente distanciada a lo que es hoy el concepto de veterano de guerra. Hoy es como un decorado.

—¿Para la prensa como efemérides?

—Exacto. Nada más. Después su construcción discursiva es en función de los reconocimientos, ¿se entiende? Con alguna pensión, etc. Eso está superado, ya está, es una batalla ganada. Es simple, el 90% de las leyes vigentes salieron del CECIM que es donde articulamos con las pocas organizaciones que hoy quedan de ex conscriptos. La mayoría de estas agrupaciones en estos 40 años fueron intervenidas por los milicos. Nosotros por estatuto pueden integrar el CECIM ex soldados conscriptos y civiles y además y también por estatuto somos un organismo de Derechos Humanos. Ya desde el 85 que fue aprobado. No hacemos juicio de valor, pero trabajamos en ese aspecto. No tenemos, por ejemplo, vigilias los dos de abril. Nunca hicimos ni participamos porque tiene una concepción medieval de ‘velar las armas’ antes de ir a la batalla. Como no estamos de acuerdo con la decisión que toma la dictadura y el control de daños todavía no lo tenemos en la cabeza, no estamos de acuerdo con esa gesta y menos haciendo una vigilia. Un ejemplo: Antes de salir me acuerdo estábamos en la Cantina del Soldado en Plaza de Mayo, todavía no habíamos partido, estábamos acuartelados con todo el armamento y estaba con mi amigo de la infancia ‘Poroto’ que murió en Malvinas, escuchamos a Galtieri y nos miramos los dos y dijimos “cagamos”.
Fueron armando en estos años una estructura argumental, conceptual y discursiva que me gustaría en muchos casos tener un registro de lo que decían en el 82/83 etc. y lo que dicen ahora. En el ‘92 por ejemplo denunciamos, yo era el presidente en ese entonces del CECIM, los crímenes de guerra británicos y nos intervinieron. ¿Quién era en ese momento el Jefe del Ejército? Balza. Así de paso desmitificamos.

Hubo un antes y un después de que en 2015 el Ejército desclasificara sus archivos. Hay varios fondos documentales donde hay un equipo de desclasificación trabajando ahí. En ese año, en un primer relevamiento nos entregaron copias e informes que están en la página oficial del Ministerio de Defensa que certifica que hubo graves violaciones de Derechos Humanos. Ahí están las actas de recepción, documentos, planillas, damnificados, es decir, registros de las Fuerzas Armadas. No archivos de algún organismo, eso es prueba suficiente como para ya haber estado en instancia de juicio oral, pero la justicia, con presiones permanentes de los militares, no avanza. Conclusión: no quieren que hay un solo milico condenado.

—¿Cuáles eran esas presiones?

—Los medios, si revisas las notas de Infobae, Clarín, las editoriales de La Nación, este último nos mandó cartas apretándonos que decían que no teníamos que hablar más de eso, que le llevemos todas las pruebas, y condicionándonos con que no había que darle publicidad.

—¿Un director de La Nación al CECIM?

—¿Sí, me entendés? Hay un caso que llega a casación que es el de Jorge Taranto, un tipo apañado por Hadad, tuvo durante años un programa en Radio 10 “Malvinas, la verdadera historia” donde iban todos los fachos represores a contar la de Rambo.

—Con la denuncia desde 2006, ¿Cómo es el proceso judicial que hace que hoy la causa este en Cámara sin llamados a indagatorias?

—En primera instancia el juzgado es el de Rio Grande, la instancia de apelación es en la Cámara de apelaciones que en este caso está en Comodoro Rivadavia y la Cámara de Casación penal está en Comodoro Py y después la corte. Entonces, la bolsa de denuncias que hay en la causa, la fiscalía de Rio Grande junto a la PROCULESA que es un área especializada en crímenes de lesa, ayuda en la causa que está en manos de la fiscal Ángeles Ramos y el fiscal de Rio Grande. Las fiscalías empezaron a ordenar esta bolsa de denuncias por unidades y regimientos y hasta ahora elevó tres requerimientos fiscales pidiendo indagatorias con prisión preventiva.

—¿Sobre cuantos denunciados?

—Serán unos cincuenta correspondientes a estos tres requerimientos. La jueza Borruto tiene que resolver y la jueza de un juzgado que estuvo subrogado por el juez Calvete, de Ushuaia, durante años. Cada cosa que teníamos que hacer era ir a Ushuaia con recursos propios era un despelote. La última vez fuimos. Una de las últimas reuniones fuimos con la CPM a pedir una audiencia con Adolfo Pérez Esquivel, Nora Cortiñas a decirle al juez “que estamos esperando para llamar a indagatoria, “tenés todas estas pruebas” sobre el primer regimiento que era el 5. Que era uno de estos requerimientos donde está este tipo Jorge Taranto. Lo que hace el juez es llamar a indagatoria a 18 y asume la jueza Borruto que está desde el día de la creación del juzgado, donde hizo toda la carrera. Bueno nosotros chochos. Asume la jueza, ya había puesto fecha y todo en 2017, pero tira todo para atrás diciendo que no tenía personal. Imaginate nos agarró una calentura. Cada vez que íbamos nosotros los medios explotaban. En Ushuaia y Rio Grande hay muchos milicos, tuvimos que hacer un laburo en relación a eso también. Son muy pocos los soldados conscriptos que hay y tienen toda esta lógica de la vigilia, pero la sociedad fue creciendo y amplió sus conceptos y ya no se fuman los discursos de estos tipos. Al final cada vez que íbamos nos apoyaban los medios y la UOM, la Universidad. Inundábamos en dos días las tapas de los diarios y los jueces viven en ese lugar y logramos que llamen a indagatoria. Después nos agarra la pandemia y otra vez para atrás. Este caso que estaba en la corte jamás fue llamado a indagatoria. Pero volvía a ir a la Cámara de Apelaciones amparándose en el caso Taranto en donde le habían aplicado la prescripción. Casación está atravesada por la línea que creo Menem en su momento, todos fachos, todos milicos.

—¿Entonces, cuáles son las expectativas?

—Mirá, no confiamos en esta corte. Nosotros estamos en la corte, pero tenemos ya abierta la denuncia en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos donde fuimos a denunciar cuando en 2015 la Corte nos aplica el artículo 280, o sea no analiza la cuestión de fondo sobre este caso de Taranto que hicimos un quilombo bárbaro, es más, en la última asamblea que estuvo incluso Cristina y se solidariza con nosotros y que vayamos a denunciar al propio estado argentino por falta de acceso a la justicia, y lo resolvimos. Hicimos semejante quilombo que a la corte le pedimos una aclaratoria o revocatoria sobre la prescripción de Taranto. Igual hoy estamos otra vez en la misma instancia. Nosotros somos una organización chiquitita que nos enfrentamos a todo el aparato, pero ojo, apoyados por organizaciones de derechos humanos. El 24 de marzo pudimos estar en la Plaza y decir lo que teníamos para decir, estamos muy apoyados. Malvinas fue parte de la dictadura y es lo que los milicos quieren separar. Los ex combatientes tuvimos que ir a la ONU a Washington a pedir justicia, entendés. La justicia no tiene plazos y a estos tipos les importa tres carajos y también así aparece la impunidad biológica porque los denunciados se van muriendo, igual que los compañeros. Menéndez, entre tantos, murió libre.

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“Basta de matarnos”: el grito en la marcha del Día del Orgullo

Entre los reclamos detallaron el pedido de la incorporación de la figura del travesticidio, transfemicidio y transhomicidio al Código Penal, aparición con vida de Tehuel.

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Por Néstor Llido

La séptima marcha de la comunidad travesti trans y no binarie, que unió Plaza de Mayo con el Congreso Nacional, se concretó bajo un enérgico reclamo en contra de los travesticidios, transfemicidios y transhomicidios.


La consigna fue “Basta de matarnos», en el marco del Día Internacional del Orgullo, que se replicó con movilizaciones en todas las ciudades del país.


Entre los principales ejes del reclamo detallaron el pedido de la incorporación de la figura del travesticidio, transfemicidio y transhomicidio al Código Penal.


Además, se pidió por aparición con vida del joven trans Tehuel de la Torre, la reparación histórica a las sobrevivientes de la violencia institucional, la aplicación del cupo laboral trans, entre otras demandas.


«Desde la última concentración del año pasado seguimos sumando muertes evitables. Nuestra comunidad, en estos meses lleva registrados 68 fallecimientos, de los cuales seis fueron por travesticidio y transfemicidio y tres fueron suicidios”, se señaló de la comisión organizadora de la convocatoria

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