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Mempo Giardinelli: «Vamos camino de ser otra vez una colonia»

El escritor y periodista chaqueño dialogó con El Argentino y analizó la coyuntura geopolítica regional y nacional. “Estamos en una emergencia que sólo distraídos y traidores no ven ni quieren ver”, aseguró.

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¿Cómo analizás el escenario geopolítico y su incidencia en nuestro país?

—La gravedad geopolítica en que se encuentra la Argentina se profundiza día a día, y no exageramos quienes sostenemos que estamos en una emergencia que sólo distraídos y traidores no ven ni quieren ver. En todos los órdenes nuestro país está en un muy peligroso proceso de disolución nacional. Y decir esto no es alarmismo; es una lectura sincera, realista y patriótica del desastre institucional y social que vive nuestro país, lo admitan las clases dirigentes o no. Yo lo vengo advirtiendo desde hace veinte años: en 2002 publiqué en Editorial Planeta mi libro «Diatriba por la Patria. Apuntes sobre la disolución nacional». Han pasado dos décadas y salvo los períodos más o menos recuperatorios de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, hoy todo está peor, muchísimo peor.

¿Qué posibilidades ves de rearmar un bloque regional?

—Todo depende siempre del grado de decisión, solidaridad, compromiso y persistencia de los gobernantes latinoamericanos. Sin dudas Bolivia, Chile ahora, Cuba, Venezuela y fundamentalmente México, hoy, tienen gobiernos que podrían jugar un papel decisivo en el armado de ese bloque. Y está por verse el resultado electoral en Brasil y en Colombia. Pero Argentina no está en esa línea, desdichadamente. A fuer de sinceros, la Argentina hoy tiene una política exterior en líneas generales errática y genuflexa. Esto parecería increíble con un gobierno dizque nacional y popular, pero es lo que sucede. Y ya no hablemos de Uruguay, Paraguay, Perú, Ecuador y casi todo Centroamérica y buena parte del Caribe. El gran triunfo imperial es mantenernos desunidos.

¿Qué rol deben tener hoy los Estados nacionales frente a la especulación financiera y la defensa de la soberanía?

—El rol es uno solo y está claro en la Historia y en casi todas las Constituciones Nacionales. Pero de ahí a que se cumpla hay enormes distancias. Toda especulación financiera es perfectamente detenible y modificable cuando hay decisión política. Y la defensa de la soberanía está en esa misma línea. Por eso es indignante comprobar cómo nuestro amado país ha sido y sigue siendo des-soberanizado sistemáticamente. Vamos camino de ser otra vez una colonia y eso es, al menos para quienes luchamos por la recuperación de la soberanía argentina plena y total sobre el río Paraná, sencillamente indignante. Por eso luchamos y es el sentido mismo de mi lucha en solitario y en los colectivos que formé e integro. No estamos derrotados y jamás aceptaremos estarlo, pero la realidad indica que, al día de hoy, la pérdida de soberanía ha sido y sigue siendo sistemática y se da en todos los aspectos de la vida nacional. Por eso estamos como estamos, política y económicamente. Y atención que la lucha por recuperar la Soberanía no refiere solamente al Río Paraná, el Río de la Plata y el Canal Magdalena, sino que tiene que ver con todos los bienes naturales que atesora nuestro territorio nacional y que tanto atrae a las grandes corporaciones trasnacionales del mundo, que se ocupan de corromper y cooptar a las dirigencias locales genuflexas. Y ya sé que algunos dirán que exageramos o atrasamos porque no admitimos que los Estados deban manejarse como empresas, que es lo que suelen creer los cipayos locales, que son traidores a la Patria por genuflexos y corruptos.

¿Cuáles son los límites del gobierno hoy?

—La verdad es que no me parece interesante definirlo, porque los límites de un gobierno son las decisiones que no se toman o se tergiversan y que impiden el desarrollo armónico y la justicia social. O sea todo lo que debilita convicciones y permite la entrega del patrimonio público a poderes extranjeros. Por debilidad ideológica o por miedo, por corrupción o traición, lo cierto es que todos esos límites debilitan a nuestra república. A veces ni los gobernantes se dan cuenta, y a veces son muy conscientes pero la indecisión o la corrupción los ablanda. Los límites, en síntesis, son las pocas y débiles convicciones de las dirigencias. ¿No se ve en la vida nacional?

¿Qué causas nacionales considerás que hay que conquistar?

—Todas, por supuesto, pero si se quiere un orden de acciones hoy la primera es la derogación del Decreto 949/20, que es el certificado de defunción de la soberanía argentina sobre el río Paraná y el Canal Magdalena. Es la decisión que reclamamos al gobierno del Frente de Todos por dos razones fundamentales: una es que es urgente recuperar el comercio exterior argentino, que hoy de hecho no existe porque está concentrado en 25 grandes multinacionales que no admiten pesajes, no pagan impuestos, no aceptan controles de ninguna índole con lo que facilitan el contrabando y el narcotráfico, y encima dañan el río. Y la otra, también gravísima, es que la Argentina hoy no tiene salida al mar. Aunque parezca ridículo viendo el mapa de nuestra larga costa atlántica, ningún buque entra ni sale al Atlántico por aguas argentinas, sino por Montevideo, que hoy es un puerto británico. Así que díganme si son o no son causas nacionales importantes. Y no es todo, porque también son causas fundamentales la nacionalización de todos los bienes naturales del subsuelo argentino y la prohibición absoluta de cortar un solo árbol más. Todo lo cual es perfectamente posible, y urgente, y sólo depende de una firme decisión patriótica. El pueblo argentino apoya todo esto, en su corazón, porque sabe que esto significa trabajo, mejores condiciones de vida y mejor educación para las generaciones venideras.

¿Con qué marco de alianzas?

—Una alianza se hace con los que piensan parecido, y en nuestro país no dudo que somos mayoría. Y si usted me pide un marco de alianzas con los factores políticos reconocibles actualmente, y que estén sinceramente dispuestos a cambiar el rumbo, yo respondo que se trata de convocar a todos los nacionalismos: peronistas, radicales, socialistas y también las clases medias hoy gorilizadas. Y habría que tomar urgentes medidas importantes, como por ejemplo, y sólo como ejemplo, restaurar en las fuerzas armadas un espíritu patriótico que tantas miserables dictaduras echaron a perder. Estoy hablando de un proceso reeducativo que debe empezar por el restablecimiento urgente de un sistema nacional de educación, en lugar de los absurdos 24 ministerios de educación que hoy tiene la Argentina. Y desde ahí ir cambiando todas las estructuras con participación y control de nuestro pueblo. No hay mejor alianza que ésa.

¿Cuál es el mapa del poder en nuestro país hoy?

—Arriba están las minorías que concentran la riqueza, la tierra, el comercio exterior, el contrabando, la evasión impositiva, los latifundios desenfrenados, la histeria extranjerizante y la fascinación por el imperio. Abajo está otra minoría, más mojigata y acaso ingenua –que no inocente– a la que suele llamarse «clases medias», y a las que con un buen sistema comunicacional democrático habrá que atender para que despierten y salgan de las carcelitas televisivas y las redes antisociales que les lavan la cabeza por dentro día a día y hora a hora. Y en el centro está la Argentina verdadera: la del trabajo, la decencia, el esfuerzo, el orgullo de pertenecer a esta Patria y el amor inclaudicable a toda expresión de Soberanía. Ésta es la Argentina verdadera, a la que se tiene sometida y a la que hay que ayudar para la liberación y la soberanía. Es infinitamente mayor, multitudinaria y con una capacidad laboral extraordinaria. Hay que ponerla en marcha y en cinco años la Argentina se dignifica y reluce.

¿Cómo analizás el escenario político de cara al 2023?

—No lo analizo, dicho sea en el sentido de que no me interesa especular. Para mí es obvio que por el camino que actualmente sigue el gobierno a nuestro pueblo le espera otra tremenda desilusión. Y los que seguimos fieles a las convicciones que heredamos de San Martín y de Belgrano, y de Bolívar, Yrigoyen, lllia y Perón, por lo menos, las difundimos todo lo posible mientras luchamos para recuperar lo infamemente entregado: el Paraná, las pampas, el petróleo, el litio, el oro, el cobre, la plata, la gigantesca plataforma marina que hoy controla Inglaterra desde las Malvinas. Lo demás, para nosotros, es pérdida de tiempo. Como leer Clarín y La Nación, o mirar la telebasura cotidiana para ver cómo te mienten y envenenan.

¿Cómo contrarrestar los discursos de odio hacia los sectores populares?

—En una democracia seria y funcionando, los discursos de odio no se «contrarrestan»; se los pone en su lugar con las leyes. El problema argentino entonces no reside en esos discursos en sí, muchas veces payasescos, sino en el llamado Poder Judicial, que como está no tiene remedio. Desde enero de 2002 El Manifiesto Argentino viene impulsando un cambio fundamental y total del sistema judicial argentino. Mientras eso no se haga, el odio seguirá creciendo y la democracia en constante deterioro. Y esta cuestión es especialmente grave porque no será posible un cambio profundo y total de la llamada «Justicia» si no abrimos un proceso de cambio constitucional. No una «reforma» como prescriben arteramente casi todas las Constituciones y entre ellas la de 1994, sino un cambio, o sea una nueva Constitución discutida y sancionada por la voluntad popular y no por el Parlamento.

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¿Qué medidas habría que tomar para recuperar el control de los ríos, mares y puertos?

—Por ahora, urgente e inmediatamente, derogar el decreto 949/20 que es el símbolo de la entrega de toda soberanía nacional, y a la vez infame claudicación moral.

¿El Paraná debería ser otra causa nacional como Malvinas?

—De hecho ya lo es. Yo vengo diciendo desde hace años que entregar el Paraná es como entregar las Islas Malvinas. No hay causas nacionales más dignas y urgentes.

¿Cómo se revierte eso?

—Empezando por ponerlo en evidencia. Cuando usted coloca dignidad y patriotismo sobre la mesa de las cuestiones que hacen a la vida democrática y pacífica, el resultado beneficioso para la Patria tarda más o tarda menos, pero llega inexorablemente.

¿El Estado debe armar otra Papel Prensa absolutamente estatal?

—No sé si absolutamente, pero sin dudas el Estado Argentino jamás debe estar ausente de toda industria comunicacional, y en especial debe ocuparse de controlar y quebrar todos los monopolios. Pero para eso hace falta una convicción y sobre todo una decisión que el gobierno del FdeT lamentablemente no tiene.

¿Qué mundo es este donde un youtuber o una modelo vale más que un escritor?

—No me interesa definir eso. Mortificarnos ante esas fruslerías es perder el tiempo. Es mejor ignorarlos. Eso los desespera o entretiene, y así uno puede ocuparse de lo importante. @

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