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Entrevista

Borón: «En Argentina, en un mes, pasan más cosas de las que ocurren en Bélgica en un siglo»

El sociólogo, politólogo, profesor, escritor, doctorado en Ciencias Políticas por la Universidad de Harvard y militante de las causas justas, Atilio Borón, dialogó con EL ARGENTINO sobre la crisis actual del capitalismo, las estrategias del campo popular y el futuro cercano de la Argentina.

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Atilio acomodó una silla de cuero con posa brazos de madera en un rincón de la biblioteca del Centro Cultural de la Cooperación. Antes de sentarse ojeó varios libros apilados sobre un escritorio, eran de su colección, los había donado.

-¿Cómo caracterizas la etapa actual del capitalismo?

-Hay una crisis muy profunda del modo de acumulación capitalista a escala mundial, un proceso plagado de contradicciones y conflictos cada vez más intensos. Con una fenomenal concentración de la riqueza en un número cada vez más reducido de personas. El 1% de la población mundial tiene tantos ingresos como el 50% del planeta. Es una situación insostenible. Por otra parte, a nivel internacional, el capitalismo ha desarrollado para sostenerse una serie de políticas predatorias del medio ambiente que nos han llevado a un cataclismo climático de enormes proporciones. En tercer lugar, es un sistema que ha entrado en un proceso de crisis debido a que el modelo que se implementó desde comienzo de los años ’80, el famoso Consenso de Washington que empezó con Ronald Reagan, siguió con Margaret Thatcher y luego con los gobiernos neoliberales, ha llevado a una situación internacional con un desnivel cada vez más grande entre los países desarrollados y los países en vías de desarrollo, lejos de todas las promesas que se venían haciendo desde la década del ´60 diciendo que la expansión de la economía capitalista a nivel global iba a acercar a las naciones y hacer que los países de la periferia pudieran aproximarse al estilo de vida, a la calidad de vida, el estándar de vida de los desarrollados; nada de eso ha ocurrido, todo lo contrario.

-Este escenario ¿supone una crisis de hegemonía?

-La crisis se complica por el hecho de que el centro mundial de la economía capitalista, el actor que pone en salvaguarda al sistema que es Estados Unidos, comienza un proceso de declinación relativa, pérdida de hegemonía internacional que se empieza a notar desde comienzo de este siglo XXI y que ha llevado a una situación extrema y en general dando lugar a eso que en la teoría política se llama transiciones hegemónicas, hay una potencia en alza y una en retroceso y esto genera tensiones que reverberan por todo el sistema. Estados Unidos ha venido apostando a mantener su situación, fundamentalmente promoviendo guerras en todos los continentes y generando condiciones que a la larga conspiran contra la propia supervivencia del sistema.

Fotos y video: Matías Sastre y Máximo Paredes

-¿Ese punto crítico se relaciona también con la capacidad del propio sistema de crear riqueza?

-Claro, partimos de un punto muy crítico que se complica porque la capacidad de crear riqueza que tenía el capitalismo ahora se reduce fundamentalmente al proceso eminentemente financiero; un capitalismo que no genera nuevos bienes, que no produce bienes materiales sino que premia la especulación financiera, lo que significa altas tasas de interés, altas tazas de ganancias para el capital financiero, etc. Esto implica que se reduce la demanda de empleo, el poder de consumo de la gran mayoría de la población. El impacto negativo es que las finanzas mundiales pasan a ser muchísimo más importantes que el comercio internacional de bienes.

-Si Estados Unidos perdiera hegemonía ¿cuáles serían las potencias emergentes?

-La potencia más preocupante para Estados Unidos es China. Recientemente se hizo público el documento sobre la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos que publicó la Casa Blanca, ahí dicen con todas las letras que hay dos grandes enemigos: China y Rusia. China como el enemigo principal, el país más poderoso, con más capacidad para cuestionar y desafiar la primacía estadounidense en asuntos mundiales y el orden internacional. El documento plantea que China es quien tiene capacidad de voltear ese orden. Rusia puede ser una enorme potencia desde el punto de vista de las armas nucleares, del poder militar pero, no lo es tanto en el terreno económico y cultural.

-¿Cómo incide esto en nuestra región?

-Estados Unidos no quieren que acá haya presencia de China, de Rusia, de Irán, ni hablar de la República Popular de Corea o de Corea del Norte, tampoco quieren a Venezuela, Cuba, Nicaragua. Quiere un continente totalmente subordinado y sometido, la idea es que este es un patio trasero propio y hay que ahuyentar a estos intrusos, cosa que han tratado de hacer con cierto grado de éxito. Ahora, Argentina ingresa a los BRICS el primero de Enero del año que viene, cualquiera sea el futuro gobierno este hecho le da a China una puerta de entrada preferencial a nuestro país que va a ser muy resistida por “la Embajada”. Creo que tenemos que entrar por esa puerta con la frente bien erguida sabiendo que es una oportunidad inmejorable.

-¿Cuál es la estrategia del campo popular para la batalla del trabajo contra el capital?

-Yo creo que no hay una sola estrategia, mucho menos a nivel internacional. Nosotros planteábamos en el Foro Social Mundial de Porto Alegre que los países de América Latina no podían enfrentar la prepotencia de las corporaciones multinacionales en todas las áreas, incluyendo la comunicación, de una manera aislada, sólo con luchas nacionales, sino que era preciso internacionalizar y coordinar las luchas. Por ejemplo, no podes neutralizar a Bayer, que ha adquirido a Monsanto y que maneja el negocio de las semillas transgénicas, con episodios aislados, necesitas una coordinación internacional de las luchas porque Bayer es un actor unificado que tiene una estrategia de carácter planetaria, y ante una estrategia planetaria tenés que tener una contraofensiva también planetaria.

-¿Qué salidas ves para Argentina en un futuro cercano?

-Hace años ya, acuñé una frase que creo que habrá sido utilizada por muchos: en Argentina, en un mes, pasan más cosas de las que ocurren en Bélgica en un siglo. Es muy difícil, estamos a un poco más de un año de un proceso electoral, no se ven candidaturas firmes, sólidas en ningún ámbito del espectro político. El Frente de Todos no lo tiene resuelto, tampoco Juntos por el Cambio y no se ve a la población enganchada en esa dinámica electoral. Así que la salida va a requerir resolver el tema económico e inflacionario. Si eso no se resuelve, creo que puede haber un voto de protesta rabiosa muy en contra del oficialismo, aunque sea votando a personajes que van a ser nuevos verdugos de las clases populares.

Al finalizar, Atilio Borón volvió a revisar las páginas de algunos libros que reposaban en los estantes de la biblioteca, caminó por el pasillo angosto y se detuvo frente a una escultura de “Don Quijote”, la observó con profundidad y se despidió con una sonrisa.

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Fotos: Gustavo Fraietta

Juan llegó a su lugar de trabajo temprano, saludó, preparó mate y se acomodó en la mesa redonda que ocupa el centro del salón. Sobre ella varios libros apilados: “Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium” del Papa Francisco, “Derechos de los pueblos indígenas” de Silvia Inés Arias, “Ganancia vs Maximización de ganancias” de Daniel Carone, “La separación de poderes” de Montesquieu, “Sola” de Dolores Etchevere, entre otros.

Dos grandes bibliotecas con escritos jurídicos cubren las paredes y un cartel de madera fileteado proclama: “Economía popular es trabajo”.

-¿Qué pensás de la situación social y política del país?

-Es un desastre, una gran decepción porque, con mucha esperanza, nuestro pueblo, la militancia, se movió para sacar al gobierno de Macri y construir un futuro digno para su gente, su familia, sus hijos y lo cierto es que hoy estamos más o menos en la misma situación, por lo menos en cuanto a los indicadores sociales. De hecho, estamos un poco peor. Lo que más creció es la extrema pobreza. No hemos resuelto el tema de la deuda, es decir, el acuerdo al que se llegó sostiene básicamente los términos generales del de Macri, que todos sabemos que fue violatorio a los propios estatutos del Fondo Monetario Internacional y se utilizó fundamentalmente para financiar la fuga y permitir que los banqueros saquen la plata del país y que los grupos financieros recuperen sus posiciones. No sirvió para hacer ninguna escuela, ningún puente, urbanizar ningún barrio o construir un hospital, no sirvió para nada para el pueblo argentino y ahora tenemos ese lastre que es la deuda negociada desde una posición de subordinación y aceptación. Creo que ese fue el quiebre en la coalición, lo que la puso como un cristal roto, muy frágil porque era un pacto tácito enfrentar esa situación de una manera digna y se podría haber hecho.

-¿El problema de la falta de distribución de la riqueza también incide en el quiebre de la coalición de gobierno?

-Claro, la Argentina viene creciendo pero no se distribuye esa riqueza, por lo tanto, los trabajadores asalariados están mal. El poder adquisitivo de sus salarios es muy malo. Hay trabajadores del sector público y privado registrado por debajo de la línea de la pobreza, es un fenómeno que empieza a ser común: tener trabajo registrado, asalariado, con convenio colectivo, con aguinaldo, con vacaciones y ser pobre. Antes la pobreza era un territorio vinculado a la informalidad, a la economía popular, al desempleo y no al trabajo registrado, eso está cambiando. Y ese poco más de un tercio del sector de la clase trabajadora en el que se encuentra la economía popular tampoco logramos darle la ampliación de derechos suficiente como hubiésemos deseado

-Desde el Frente Patria Grande proponen la creación de un Salario Básico Universal ¿Cómo imaginan su implementación?

-No somos dogmáticos en relación a eso, el problema de la globalización capitalista no se resuelve con un Ingreso Básico. La exclusión no se reduce a un problema de ingresos, pero el problema de los ingresos es muy serio, afecta la vida cotidiana de la gente y genera mucho sufrimiento. Resolver el problema de ingresos tampoco resuelve el problema del trabajo. Es decir, no se resuelven los grandes problemas que tiene nuestro pueblo como la falta de acceso adecuado a la tierra, el techo y el trabajo con un ingreso base. Sí se resuelve el problema, por lo menos, de la extrema pobreza o indigencia. En los países europeos todos los sistemas de seguridad social tienen un ingreso mínimo vital garantizado. Todas las personas que están empadronadas como ciudadanos o como residentes legales tienen acceso a un determinado piso de ingresos. Eso sucede en España, en Francia, en Alemania, en Suecia, en Noruega y en Italia que son los países que estudié. Entonces, lo que nosotros planteamos es que por lo menos tengamos un sistema que cubra la extrema pobreza. El Salario Básico Universal es una idea que tiene un componente un poco más trascendente, que es reconocer que la riqueza social se construye colectivamente y que todos aportamos a su construcción: desde un cartonero hasta la madre que cuida a los chicos. Cualquier esfuerzo humano, incluso el de un estudiante, que esté orientado al bien común, al desarrollo productivo, a la creación de conocimiento, al cuidado de los otros, es trabajo y tendría que tener una remuneración, por el sólo hecho de aportar algo a la sociedad, y esa remuneración tiene que cubrir las necesidades básicas.

-Al mismo tiempo evitaría la arbitrariedad en la distribución

-Se trata de evitar todos los abusos de poder que supone una política que no es universal. Abuso de poder que en nuestro país se da de una manera que nosotros conocemos bien, quien tiene la puerta de acceso a la política, que podemos ser organizaciones sociales, intendentes, los propios funcionarios del ministerio. Es una política de una subvención acotada a la que no entra todo el mundo, sino que entra el que más patalea, ahí está la arbitrariedad. En Europa tienen otra arbitrariedad, que es muy jorobada, la tecno burocrática del sistema que te presiona para que vos demuestres que sos merecedor del subsidio porque te estás esforzando por insertarte en la sociedad y ese juicio queda en manos de una sola persona que a veces no comprende la situación del otro y es el uno a uno entre el aparato del Estado y el ciudadano vulnerable. Una arbitrariedad igual de mala que la nuestra. El ser humano transfiere su pulsión de abuso de poder en todas las modalidades civilizatorias existentes, algunas son mejores y otras son peores y lo que le saca ese elemento de poder es la universalidad.

-¿Qué respuesta le darías al Gobierno y a los sectores de la derecha en relación al encono contra los más humildes y los programas sociales?

-Yo podría dar una respuesta de barricada que sería que hay que ser muy sorete para andar contándole tanto las costillas a los pobres mientras los multimillonarios se llevan la plata a Uruguay y nadie los controla, que las mineras se llevan los minerales y nadie los controla, que los grandes agroexportadores contrabandean la mitad de la producción y nadie los controla. Pero, eso sería una respuesta de indignación. Una respuesta de comprensión sería entender esa técnica de manipulación que se ejerce sobre los sectores medios y asalariados para que, en la lucha de clases, se pongan del lado de las clases propietarias. Eso es manipular su conciencia para que busquen en los más pobres, la razón de sus propios problemas. Hay una intencionalidad de los sectores económicamente dominantes y de las clases políticas de enfocar los problemas en las clases más bajas, entonces, dicen: “estamos manteniendo vagos”, lo puede decir un empresario, lo puede decir un laburante y el laburante como paga los impuestos y siente que quien está más abajo no los paga y recibe un beneficio que él no recibe, se va retroalimentando en este pensamiento, en este prejuicio, que fue lo que ha llevado a las grandes tragedias de la humanidad, que es el enfrentamiento entre los sectores populares.

-No sería la primera vez en la historia de la humanidad que recurren a esos métodos

-En otro momento histórico, la forma de manipulación de los sectores populares era cuestión racial y en este momento tiene que ver con las políticas de Seguridad Social. Esto pasa en todo el mundo porque como el capitalismo no puede proveer empleo en igualdad de condiciones para todos y requiere determinado Sistema de Seguridad Social para evitar o grandes hambrunas o rebeliones, no podría funcionar sin ellos, la válvula de ajuste es crear este repudio de los sectores medios para mantener en el mínimo posible el otorgamiento de los subsidios y desde luego invisibilizar, aplastar o deslegitimar cualquier posición superadora de la política de subsidios como lo es la perspectiva de la economía popular. Es una discusión mundial, se pierden elecciones por esto. Port ejemplo, Conte en Italia creó lo que se llamó el “Reddito di cittadinanza” (o Renta Básica), este mínimo que puede tener cualquiera. Si bien le fue bastante bien en las elecciones las perdió contra Meloni que tiene el discurso inverso, que es “hay que sacarle las cosas a los vagos”. En Argentina llega a muy poca gente, 1 millón 300 mil; en Italia a 5 millones y es mayor el ingreso, ronda los 800 Euros cuando el salario mínimo es de 1000. Acá representa el 0,4% del presupuesto, claramente ese no es el problema del país.

-En tu libro “Los Peores”, que acabás de publicar, explicás la conformación del sujeto de la economía popular como un emergente ante la crisis del modo de producción capitalista ¿Cómo describirías ese proceso constitutivo?

-En esta etapa del capitalismo existe una población sobrante para las necesidades productivas del capital que se ha estancado y que va creciendo y, por lo tanto no va a ser reabsorbida en momentos de crecimiento económico. Esto genera que haya una proporción que va variando pero que es creciente tendencialmente de descarte social, en el sentido de las necesidades productivas del capital. Entonces, la administración de esta población en los países “civilizados” es a través de la seguridad social, pero como no alcanza y, como el ser humano, esté o no descartado, tiene el deseo de hacer algo útil en su vida, la gente, efectivamente se inventa un trabajo; o por necesidad o por deseo, pero se inventa un trabajo. En nuestra América es por necesidad y en nuestro país, esa necesidad, en algunos casos, se organizó y, en otros casos, se mantiene dispersa.

-¿Cómo es la experiencia de los que se organizan?

-El sector organizado de la economía popular empieza a adquirir un sentido político profundo y se constituye como un sector emergente de las clases populares. También crea relaciones de producción, sociales y humanas distintas. Si esto se idealiza, parece ser que vive todo el mundo en una utopía de felicidad. Eso no es así, pero sí es verdad que esta tendencia a organizarse desde la precariedad de los medios de subsistencia, de los pequeños medios de producción que hay, del impulso de la militancia; empieza a mostrar experiencias bastante masivas donde la gente es más feliz. Existe una posibilidad de construir una tercera pata en un sistema que históricamente es dominado por el sector público y el sector privado, esa posibilidad yo creo que es la gran novedad. Es decir, nosotros, lo que planteamos como utopía posible, como propuesta transformadora para esta etapa histórica, es una economía de tres tercios. Un sector privado (que no sea la lumpenburgesía que tenemos acá que es infraproductiva y que no puede competir con nadie porque vive o de subsidios o de protecciones estatales), un sector público que sostenga los recursos estratégicos y un sector popular comunitario que permita nuevas formas laborales.

-¿Quiénes se tienen que reagrupar para construir un proyecto emancipatorio?

-En América Latina, en África, somos países dependientes con características muy particulares en relación a los países del capitalismo desarrollado y tenemos tareas previas, por ejemplo, la tarea de organizar con cierta racionalidad la división de trabajo en la sociedad. Esta pequeña perspectiva reformista es una lucha sin cuartel con las élites del subdesarrollo y nosotros tenemos una primera contradicción aquí con las élites del subdesarrollo, que son las que sostienen, por sus propios privilegios semifeudales, la postergación de nuestro pueblo. En esas élites están los rentistas, que son terratenientes e inmobiliarios, hay un elemento de la famosa “casta política” que existe y que está ahí, y lo que antes llamaban en el siglo XIX “La pandilla del barranco” que son los comerciantes de la importación y la exportación y los herederos del préstamo de la Baring Brothers, los especuladores financieros. Todos esos son elementos parasitarios sostenidos por élites locales en función de la División Internacional del Trabajo que hay que derrotar, hay que sacudirse, hay que sacarse eso de encima, son un lastre para cualquier desarrollo humano posible en nuestra sociedad y el bloque de poder para realizarlo, para mí, ya en esta etapa está fundamentalmente centrado en el sector de la economía popular. Desde luego, lo más lindo sería decir que debería haber una alianza entre los asalariados y el sector público, el sector privado, el sector de la economía popular y los sectores medios, y yo creo que eso hay que hacerlo y que se puede hacer, pero únicamente a partir de una posición de mayor fuerza de nuestro sector. Yo creo que el elemento que va a permitir un cambio cualitativo en las perspectivas sociales es el fortalecimiento genuino de la conciencia del poder popular en los estratos más bajos de la clase trabajadora.

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-Explicaste factores subjetivos para generar un cambio social ¿Cuáles serían los elementos objetivos relevantes hoy?

-Hay factores objetivos que se están precipitando y se están acelerando que es el prologando, pero evidente, agotamiento del modo de producción capitalista en términos de su capacidad de resolver los principales desafíos del momento histórico como el cambio climático o la salud, la tierra, el techo y el trabajo, la paz, la precipitación de situaciones catastróficas. Son esos momentos de gran crisis donde aparece la ventana de oportunidad para la emancipación y también aparecen los grandes monstruos. Por ahora aparecen más monstruos que ventanas, pero hay que trabajar para construir esas ventanas y abrirlas.

-Llegaste hace poco de Roma ¿Cómo analizás las disputas hacia el interior de la Iglesia como estructura de poder?

-Creo que hay una gran resistencia a seguir el magisterio del Papa que se supone que en la doctrina católica es obligatorio, pero los dogmas se van relajando según las conveniencias.En la Iglesia argentina esta resistencia también existe, por lo menos en una buena parte del Episcopado, no en todo. Al presidente de la Conferencia Episcopal Argentina que es Ojea, le tengo mucho aprecio y sé que la tiene difícil, pero la verdad no entiendo cierta pasividad que hay con el escándalo de la pobreza. Cuando estaba Bergoglio acá había 25% de pobreza y era un escándalo. Hay un tema en el que vale la pena escucharlo a Francisco. Él plantea, con mucha claridad, la caducidad del sistema, más allá de que acompañe o promueva medidas de alivio social y de ampliación de derechos sociales y laborales para los sectores más pobres. Creo que el planteo antropológico e histórico que hace Francisco es no solamente la caducidad histórica sino la injusticia esencial de este sistema y la necesidad de una transformación de carácter revolucionario, eso lo dice en todas las encíclicas y en las homilías y tomando fundamentalmente la cuestión ecológica, la cuestión de la desigualdad y la cuestión de la guerra en todos sus sentidos.

-Volviendo a nuestro país ¿Crees que se desperdició la oportunidad abierta en el 2019 y al no avanzar en conquistas para el pueblo fueron creciendo las derechas reaccionarias?

-La reacción de derecha es el castigo divino a los pecados de la centroizquierda. A la hipocresía, que es básicamente decir una cosa y hacer otra. Cuando decís que vas a hacer muchas cosas pero después no las haces todo el discurso progresista queda asociado a la hipocresía y a la mentira, a lo que está mal y eso nos mancha a todos. Embarra todo y no resuelve los problemas del pueblo, eso es lo que pasó en estos años y sí, se perdió una oportunidad muy buena. Creo que lo único que, si se quiere, hace que no nos tengamos que arrancar el pelo los que apoyamos este proceso, es que al menos, desde el punto de vista de la perspectiva Latinoamericana, tuvo buenas posiciones en la defensa de Lula, en la defensa de Evo y que queda un añito en el que esperamos que eso se consolide. Este Gobierno es una experiencia fallida y el Frente de Todos, por lo menos con esta hegemonía o con este funcionamiento, es una experiencia fallida. La disputa electoral va a ser una oportunidad para que se clarifiquen las cuestiones dentro del Frente de Todos y esto básicamente implica que nosotros de ninguna manera vamos a sostener una candidatura centrista aún si esta candidatura centrista fuese apoyada por Cristina de la que nos sentimos más cerca. Pero una cosa es la revalorización de lo que ella hizo durante su gobierno y de lo que significa como figura política, y otra es asumir tácticas que nos van colocando más al centro y que no son responsabilidad de ella pero insisto, las avale o no las avale, esta vez no vamos a acompañar de manera automática una candidatura al estilo de Alberto Fernández. Vamos a plantear una alternativa propia dentro del Frente de Todos y exigir que se cumplan las primarias de la forma que sea, sea con las PASO o sea con una primaria partidaria que también se puede hacer.

-¿Proponen algún candidato o candidata?

-La hipótesis principal nuestra es que haya un candidato como Wado de Pedro que compita en las PASO. Obviamente, si Cristina decide presentarse, la vamos a acompañar. La hipótesis en la que nosotros tendríamos que buscar una candidatura propia, de lo que en algún momento se llamó la Izquierda Popular o de los que no fuimos parte del Kirchnerismo y hoy estamos en el Frente de Todos, es aquella en la que no haya un candidato que nos represente. De ser así, nosotros tendríamos que construir una candidatura porque no vamos a permitir que una generación o dos generaciones de militantes se acostumbren a que la política es elegir entre Alberto Fernández y Massa.

-¿Te imaginas como candidato?

-Es una posibilidad que no es la que más nos gusta, no es la hipótesis principal. Pero, a diferencia de lo que pasó en otros momentos, no la descartamos porque ¡hay que ver cuántos valientes encontramos! Pero mi primera opción es Wado o algo parecido a él. Porque es una hipótesis de victoria, es una hipótesis en la que podemos ganar las primarias y las generales.

-¿Cuál es el alegato de “Los peores”?

-Nuestro mejor alegato es mostrar lo que hacemos, en las cooperativas, en los grupos de trabajo, en los barrios, en la ruralidad. Esto que están haciendo ustedes con El Argentino y el esfuerzo que hacen muchos compañeros por los medios de comunicación es parte de ese intento de mostrar lo que hacemos y de mostrar esto que está en el inconsciente colectivo de los pueblos que es “la plata no hace a la felicidad”. El mundo posible, es un mundo donde la felicidad y la simplicidad vayan de la mano. Las formas de existencia de nuestros compañeros son formas que pueden ser liberadoras.

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