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CABA

Las villas porteñas tienen cerca de 400 mil habitantes sin acceso a servicios básicos

El 15% de la población de la Ciudad vive en barrios populares, asentamientos y nucleos habitacionales transitorios.

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Referentes de organizaciones sociales presentaron este martes en la Legislatura porteña un relevamiento sobre barrios populares e informaron que unas 400.000 personas viven en las villas, asentamientos y núcleos habitacionales transitorios de la ciudad de Buenos Aires.

Los resultados de la encuesta se contraponen con «la especulación inmobiliaria del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires».marina josky

El relevamiento fue realizado por las organizaciones Corriente Villera Independiente, La Barriada, MTD Aníbal Verón, Soberana y Paritaria Social y Popular, y sus resultados fueron presentados en el Salón Montevideo de la Legislatura, junto a la diputada del Frente de Todos (FdT) Laura Velasco, quien preside la comisión de Promoción Social.

«400.000 personas, es decir el 15 por ciento de la población de la ciudad de Buenos Aires, habita en villas, asentamientos o núcleos habitacionales transitorios», dijo Marina Joski, coordinadora nacional del Movimiento Popular La Dignidad, quien expuso los resultados de la encuesta.

Joski también informó que el relevamiento fue realizado el tercer fin de semana de julio por 600 encuestadores, integrantes de las organizaciones antes mencionadas, quienes recorrieron 21 barrios y entrevistaron a más de 120.000 vecinos.

El estudio abordó varios aspectos, entre ellos el de salud, donde se concluyó que entre las principales preocupaciones se encuentra la necesidad de un hospital en las comunas 8 y 9, el acceso a herramientas de salud mental y la falta de profesionales en las salas de atención primaria.

Respecto a la educación, «el 25 por ciento de los encuestados» manifestó que se necesitan «más escuelas y vacantes», mientras que en segundo y tercer lugar, respectivamente, advirtieron sobre la falta de transporte escolar y la necesidad de «becas alimentarias dignas».

Otro aspecto fue el de la vivienda, donde la principal preocupación manifestada fue el acceso a un domicilio propio, seguida por la necesidad de una «solución definitiva a los inquilinos» y «de urbanización, es decir el acceso a los servicios básicos de agua, luz y gas», detalló Joski.

El oficialismo «gobierna para los negocios de unos pocos y no para el bien común».laura velasco

Sobre este punto, la referente señaló que los resultados de la encuesta se contraponen con «la especulación inmobiliaria del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires».

En cuanto al empleo, se concluyó que la principal necesidad es la creación de puestos de trabajo, mientras en segundo lugar se encuentra el «fortalecimiento de las cooperativas barriales» y, en tercero, el «aporte a la economía popular».

En este punto, Joski remarcó que el «82 por ciento» de los encuestados «rechazó» el distrito económico de barrios populares creado por iniciativa del Gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, ya que «cede predios a las grandes empresas».

El último aspecto mencionado fue el de la violencia machista, donde se concluyó que la principal necesidad es un «mayor acompañamiento a las víctimas» y la «posibilidad de hacer denuncias». «No nos reciben las denuncias», dijo sobre este punto Mónica Zárate, quien vive en el barrio Mugica y también participó de la presentación.

Zárate agregó que en las comisarías y fiscalías ponen en duda los testimonios de las víctimas o las «hacen esperar ahí hasta 20 horas para tomar la denuncia». Al final de la presentación, tomó la palabra Laura Velasco, quien afirmó que el oficialismo de la ciudad de Buenos Aires «gobierna para los negocios de unos pocos y no para el bien común».

«En lugar de subsidiar a los sectores populares, el gobierno de Juntos por el Cambio subsidia a las empresas que ya tienen todo», añadió.

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Argentina

Marcha contra Larreta y su plan de cambiar el casco histórico

Sobre calle Defensa había carteles de color celeste con la frase «Paren de arruinar nuestra calidad de vida» y «No al patio de comidas en las calles del casco histórico».

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Vecinos de los barrios porteños de Montserrat y San Telmo se movilizaron esta tarde en contra de la iniciativa del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires de modificar el casco histórico porteño e instalar un polo gastronómico.

«Esto genera perjuicios no solo en el aspecto edilicio sino que también afectan la calidad de vida», dijeron a Télam algunos de los asistentes.

La movilización comenzó a las 14.30, cuando los vecinos se agruparon sobre la avenida Independencia, en intersección con la calle Defensa, en el barrio porteño de San Telmo.

En algunos de balcones de edificio de la calle Defensa había carteles de color celeste con la frase «Paren de arruinar nuestra calidad de vida» y «No al patio de comidas en las calles del casco histórico».

Asimismo, algunos vecinos repartieron volantes a los transeúntes, y otros, en cada cambio de semáforo, mostraron un cartel en el que se leía «salvemos al casco histórico de San Telmo y Montserrat».

Los vecinos remarcaron que la instalación de numerosos locales gastronómicos en la zona causó un aumento de la contaminación ambiental, por la acumulación de basura y la contaminación auditiva, a causa del elevado volumen de los parlantes instalados en los negocios.

Jonathan Valdivieso, fundador del Observatorio del derecho de la Ciudad y vecino del barrio de San Telmo, señaló a Télam que «el gobierno de la Ciudad quiere llevar a cabo una modificación del casco histórico, pero esta área no puede modificarse porque es el área de protección numero uno, es decir el área de protección patrimonial más importante» que tiene la ciudad.

Según el vecino, el Gobierno porteño «no convocó a la ciudadanía a participar, a pensar cuáles son las prioridades y necesidades de que tenemos en el barrio histórico».

Valdiviezo remarcó que, para el desarrollo de esta iniciativa, el Gobierno porteño «no hizo los estudios de impacto ambiental necesarios para ver cuáles son las mejores medidas y cómo mitigarlas porque este plan de renovación va a implicar la intervención de entre 72 cuadras del barrio histórico».

Los vecinos enfatizaron que esta obra afectará no solo a la circulación de transporte público en el barrio, sino también a la recolección de residuos.

Valdiviezo agregó que el martes presentarán una acción judicial cuestionando «el plan de renovación en el caso histórico, justamente por falta de estudios de impacto ambiental y falta de participación y por estar violando el patrimonio».

Por su parte, María Eva Koutsovitis, integrante del movimiento Barrios Históricos Vivos consideró necesario «defender y preservar nuestra identidad e historia, porque lo que está en riesgo es nuestro patrimonio cultural e histórico».

Koutsovitis remarcó que los enormes polos gastronómicos destinados fundamentalmente al turismo generan a largo plazo «la expulsión de los pequeños comerciantes y familias que habitan en estos barrios».

Emma, una histórica vecina del barrio, criticó al Gobierno porteño debido a que «no cuida al patrimonio histórico y no invierte para preservar las calles ni los adoquines, que son un patrimonio de todos los vecinos».

La vecina remarcó que «el objetivo del Gobierno porteño es expulsarnos del barrio, debido a que si se aprueba la modificación impulsada por el gobierno de la CABA, ni autos, ni transporte público podrán circular y esto perjudica sobre todo a las personas que tienen alguna discapacidad».

Emma destacó que muchos vecinos debieron abandonar el barrio a causa de los problemas que generan los locales gastronómicos.

«Tengo 78 años, y de viernes a domingo no puedo dormir porque los bares ponen la música a todo volumen y es un peligro salir a la mañana para nosotros, porque siempre queda alguna persona en estado de ebriedad que sigue de largo. Además esto está mal iluminado, la verdad, lo que hicieron para beneficiar al turismo gastronómico fue arruinarle la vida al vecino del barrio».

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El plan de obras del Gobierno porteño prevé intervenir más de 70 cuadras del casco histórico con trabajos que incluyen el reemplazo de calles asfaltadas por un adoquinado, el retiro de los desniveles entre la vereda y la acera y una ciclovía.

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