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Silvio Katz: “Revindicamos el 14 de junio como el día que volvimos a vivir y no el 2 de abril, que es cuando nos mandaron a matar”

A 40 años del desembarco a las Islas Malvinas, las obviedades que se esconden en el más absoluto silencio, y a plena luz del día, siguen –cuarenta años después– sin pagar la cuenta.

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El-Argentino-Malvinas 40 años

Por Manu Campi | @manucampimaier

Silvio atiende el teléfono no sin excusarse por una evidente congestión. Tiene la voz tomada, pero se lo escucha tan tranquilo como quien espera, sobre esta fecha, atender tantos asuntos como le sea posible. En un ratito nomás sale “a dar una charla en el Hospital Moyano”, se excusa de nuevo y deja entrever cierto reclamo por la media hora tarde que empezó la entrevista. El cronista lo sabe y también se excusa.

“Al dos de abril lo toman como rehén”, reclama. La fecha tiene el precio muy alto: el silencio cerrado que descansa el resto del año, en la más absoluta apatía popular sobre la falda de la hegemonía mediática, se ensucia la boca hablando de tal o cual valentía. Pero la fecha también embauca –y esconde– el calvario que vivieron antes de la llegada de los ingleses y el desmamparo de vigencia espantosa que todavía cargan los ex combatientes argentinos. Después del dos de abril, el año terminará por toparse con el borrón y cuenta nueva de la lógica gregoriana.

Malvinas debe ser algo incómodo, no se puede explicar de otra manera. La propuesta nacional de los últimos 40 años no ha sido otra que empujar la fecha hacia algo que ocurrió en otra época, a otra gente y en otra dimensión. Malvinas es más práctica si se la instala lejana, como un pedazo de historia de donde se desprenden pobres leyendas, pero Silvio está ahí, ni lejano ni esquivo, sino entero y al otro lado del teléfono.

El-Argentino-Malvinas 40 años

“Faltaban quince días para irme de alta del servicio militar. Veníamos haciendo simulacros armando los bolsos y algunos ejercicios con armamento viejo, pero bueno…”, una pequeña risa apenas espaciada, pero de lo más premonitoria, sorprende a Silvio. “Me acuerdo que en la madrugada del 2 ponían música patria en la radio para motivarnos, pero terminamos arriba de un avión de esos de Aerolíneas que no tenían asientos, rumbo a Comodoro Rivadavia”. Katz, el colimba de diecinueve años, terminaría de pagar con carne propia la portación de apellido de origen judío, entendía que Comodoro era “un lugar para acostumbrarnos un poco al clima, pero la sensación era que no iba a haber conflicto, así nos decían”. No, algunos días después estaba en las islas.

El 9 de abril lo llevaron al Palomar y lo “subieron a esos aviones de Aerolíneas sin asiento. Íbamos a reemplazar el ejército de Comodoro Rivadavia para aclimatarnos, pero al llegar nos cambiaron de avión y nos llevaron a Malvinas. Llegamos el 11 de abril, un día de sol y con nuestros compañeros bromeábamos que estamos de camping”. A punto de cumplir sesenta años, ya jubilado, esposo y padre, es carne viva de los primeros soldados que pisaron las islas.
Después de la primera noche, la sensación de estar de campamento despareció igual que el sol: “Nuestro primer enemigo fue la isla, la famosa turba: tierra, piedra y abajo, agua. Cavábamos con una pala como las que vendían al costado de la vieja avenida Gaona, se doblaban las puntas, seguíamos con cucharas y después con las manos”.

El frío de abril sobre las dos rocas –Gran Malvina y Soledad–de 10730 km2 de superficie total, sin tierra arable ni cosechas permanentes, encontró al joven prospecto de soldado “estaqueado desnudo y comiendo mi comida entre desechos humanos”, sí, entre la propia mierda de sus compañeros; el responsable no es inglés ni isleño, sino un superior con nombre y apellido: el subteniente Eduardo Sergio Flores Ardoino. A partir del 1 de mayo, iniciados los bombardeos ingleses, “el maltrato se intensifico, se puso peor y creo que por su impotencia”, explica para terminar por darle una vuelta de rosca a cuarenta años de su propia muerte: “Cuando se dieron cuenta –los superiores– de que la guerra se venía, se sintieron con miedo, y la forma de sentirse valientes fue castigando”.

el-argentino-diario-malvinas

— A mí, la guerra me llego antes, era lo que estaba viviendo. Mi miedo era volver por cómo era volver. ¿Cómo se vuelve de una guerra después de la tortura, después hacerme perder la dignidad? ¿Cómo se es de nuevo un ser humano? Pensé que nunca iba a volver y así fue, Silvio murió a los 19 años.

Con el tiempo se tuvo “que reinventar”; dejó “de disfrutar”, se convirtió en otro: “Le tuve que enseñar a Silvio lo que era vivir”. Asegura que muchas veces pensó en si valía la pena “seguir intentando”. Su “primera etapa” fue callarse la boca: “En casa habíamos aprendido que la solución era el silencio. Mi vieja quería que el silencio era la salida”.

Volvió al país el 20 de junio del ´82 y recién dos décadas después empezó a hacer terapia “buscando ayuda” en concordancia con el nacimiento de su hijo. “Estaba enojado, todo lo llevaba a un conflicto, todo era llevado a la violencia”. El silencio es la línea directa que une a los veteranos que han sobrevivido a la posguerra sin mencionar a los más de quinientos suicidios de ex combatientes que no consiguieron escaparle a la desidia y al abandono socio-estatal.

El-Argentino-Soldados en Malvinas

— No nos olvidemos que es la misma sociedad que nos decían los locos de la guerra.
En 2007, y gracias a la terapia, se decidió a hablar. La necesidad de sanar luego de tantos años, de tanto silencio, de tanta bronca entre dientes, Silvio Katz sintió que era momento de buscar la manera de cerrar la herida. Tanto por él, como por convertirse en el único héroe que siempre quiso ser: el de sus hijos.

Con denuncias de decenas de soldados, el Centro Ex Combatientes Islas Malvinas, CECIM, abrió ese mismo año una causa judicial contra militares argentinos por torturas en la guerra a sus propias tropas. Testimonios como el de Silvio Katz no han hecho otra cosa que dejar en evidencia la resaca y complicidad del último gobierno de facto que aún convive dentro y fuera del Ejército Argentino.

La causa judicial donde declararon más de 170 víctimas y tiene a 130 militares imputados, no tiene una sola indagatoria en los últimos 15 años. La impasibilidad de una Corte Suprema que nunca resuelve y la enorme cantidad de recursos dilatorios que han presentado las fuerzas armadas en pos de su propio beneficio, dan cuenta de que Malvinas sigue siendo incómoda.
La justicia argentina se debate a la fecha si considera las torturas como crímenes de lesa humanidad para que estos no prescriban nunca. Es el mismo aparato político que, según la fecha, ostenta la bandera de los derechos humanos; como si el sabor amargo hubiese quedado ataviado, únicamente, en la última dictadura cívico-militar.

El camino no ha sido fácil y “conseguir alguien que pensara como yo fue difícil, ya que hay una creencia entre los veteranos que si contamos esto que paso dejamos de ser héroes y para mi ser héroe es otra cosa. La patria grande se hace sin un fusil en la mano. Mas lejos del fusil más héroe soy porque tengo mi palabra”.

Los veteranos realizaron una petición ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y Silvio afirma que solo quieren “justicia, por un lado, y por otro, le estamos dando la posibilidad de que no se abochornen para que esa justicia no sea por un tribunal de otro país”, concluye.

Silvio Katz, quien está completando sus estudios secundarios y da charlas en los colegios primarios, secundarios, hospitales, etc., ha dado infinidad de entrevistas sobre el calvario sufrido en la guerra a manos de su superior, el cobarde Ardoino. No es el único. De esa manera empezó a sanar, pero después de un silencio absoluto de más de veinte años. Por su parte, la prensa ha recogido el guante con toda su capacidad de vender desgracias.

— Los dos de abril me los tomo en familia, nos juntamos todos los que podemos, comemos y la paso con ellos, el dos de abril es un día para mí. Yo celebro el 14 de junio como el día que volvimos a vivir y no el 2 de abril, que es cuando nos mandaron a matar.

Con todo, los noticieros tendrán sus correspondientes placas. El periodismo pondrá sobre la mesa sus notas rimbombantes de datos duros y con similar contenido que se encuentra fácilmente en Wikipedia, pero con adornos para la ocasión; se vestirán de gala haciendo eco de las mismas notas que salen año tras año ocupándose solo durante estos días a ser más patriotas que nunca, pero sin ensuciarse jamás los pies.

Bajo el impecable sistema del desamparo se escuchará el discurso del alcohólico, con dedo inquisidor, para esconder miserias tan vigentes como propias; videos acompañados de sendas editoriales pondrán una vez más bajo el tapete las voces como la de Silvio. Por su parte, el Congreso de la Nación rinde homenaje a los caídos, lo que no se entiende bien es cómo.

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A 212 años de la Revolución de Mayo

Veinticinco centavos, el módico precio de la gran ilusión.

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El-Argentino-Cabildo-25 de Mayo

Por Carlos Del Frade

No resulta casual que la imagen del Cabildo, emblema de la revolución de Mayo, valga 25 centavos. El módico precio de la gran ilusión, de la esperanza original. Pocos centavos vale la fecha patria. De allí que no está mal preguntar si tiene sentido celebrar algo el 25 de mayo. Si la historia solamente fuera una cuestión de fechas y sucesos que se produjeron ese día, no habría, efectivamente, muchos motivos para la celebración. Ciento sesenta y cinco personas, ni una más, ni una menos, decidieron inventar un país.

Tenían una edad promedio de 35 años. El problema era que la población del entonces Virreynato del Río de la Plata era de casi 600 mil personas y esas jornadas que van desde el 22 de mayo en adelante solamente le importaban a algunas familias de la ciudad puerto de Buenos Aires. Un hecho municipal saludado por los cañones de buques ingleses que esperaban esa señal para comercializar con los porteños. Poco para festejar. Sin embargo hubo un proyecto político que dio inicio a un proceso histórico de liberación, nacional y, simultáneamente, social.

Las ideas fuerzas de la plataforma política de mayo de 1810 se escriben en agosto de ese año: el plan de operaciones, redactado por Mariano Moreno sobre los principios de Manuel Belgrano. Está en los versos finales del himno mutilado: se vivirá con gloria cuando en el trono de la vida cotidiana esté la noble igualdad.

Pero celebrar el 25 de mayo es darse cuenta que el cabildo tiene continuidad en el cruce de los Andes y en el reparto de tierras de Artigas y Güemes; y cuestiona el presente porque sigue válido el sueño colectivo inconcluso de la igualdad. La noble igualdad pierde por goleada en el presente.

De allí la necesidad de descubrir la huella por la que caminan las mayorías. O somos continuadores del proyecto original o somos cómplices testigos de la perpetuación de la pesadilla que imponen las minorías. Esa es la cuestión. En la respuesta existencial de cada uno de nosotros está la resolución del misterio, de celebrar o no el 25 de mayo.

Nosotros festejamos. Porque sabemos que somos insistidores en la pelea por la igualdad, el viejo sueño amanecido en 1810.

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